Consideraciones del Ingeniero Cesar Arturo Abreu Fernández, estudioso de la historia de La Vega.

Me atrevería a asegurar sin sonrojo, que la primera manifestación teatral en América tuvo lugar en el solar de la veneranda Vega Vieja cuando, conforme a testimonios históricos bien fundamentados, hacia 1514 o 1516, el deán de la Catedral de La Concepción de La Vega… “se le veía muchas veces cabalgando y aún ir a correr con otros caballeros, a tomar los unos apellidos de moros y los otros de cristianos, y escaramuzar él, en parte con otros caballeros, y andar tan regocijados como si fuera seglar”. Analicemos: esta representación que se efectuaba en las calles de la antigua ciudad blasonada, que era una escenificación callejera de una batalla en la España antigua entre moros y cristianos y que incluía un guión, parlamentos, acciones, vestimentas y personificaciones. No hay que ser muy experto para concluir que se trataba de un teatro callejero que poseía las clásicas tres unidades teatrales: acción, tiempo y lugar. En consecuencia, reclamo la primacía teatral en el Nuevo Continente para nuestra Concepción de La Vega.
Posteriormente, pasaron los siglos y las condiciones sociales y económicas de La Vega no fueron propicias para que reviviera en el sentir de los veganos su pasión por el teatro.

Al fundarse en el 1879, la benemérita sociedad La Progresista, se utilizó el antiguo casón que estaba ubicado donde hoy existe el ayuntamiento y que albergaba originalmente el cuartel de milicias, y las crónicas de la época recogen que en ese lugar se escenificó en el 1881 la representación teatral “El Puñal del Godo”, y en el 1882 la obra de Francisco Gregorio Billini “Amor y Expiación”, entre muchas otras. Tal era la afluencia de los veganos a las obras teatrales, que la sociedad La Progresista se vio obligada a edificar el teatro que lleva su nombre y que fuera inaugurado en el 1910 con la presentación de la compañía española Reyes Soler y el drama “La Muerte Civil” y la zarzuela “La Viejecita”. Otras obras montadas fueron: “La Carcajada”, “Tierra Baja”, “Mancha que Limpia”, “El estigma de una Rosa”, “La Tosca”, “El Señor Feudal” y las zarzuelas: “El Rey que Rabió”, “La Gatita Blanca”, “Los Granujas” y “Puñao de Rosas”, entre otras muchas.
Me he permitido hacer de entrada estas disquisiciones para avalar que, al decir del Dr. Joaquín Balaguer “La Vega fue, sin dudas, famosa por el esplendor que aquí adquirieron las fiestas del Gay Saber, por el aire de grandeza con que en sus plazas se alzaron las musas de la elocuencia, por su piedad religiosa y por el irreprochable sentido caballeresco de sus costumbres sociales; pero lo fue con más título todavía, por ciertas cualidades íntimas de su ambiente, por cierta vocación magnética que la convirtió en una ciudad de galanteos y jardines, recogida en un rincón de su valle voluptuoso, de su valle florido, donde la luz no parece que baja del cielo, sino que sube desde la hierba silvestre como la respiración perfumada de la llanura”.
Todo lo anteriormente expuesto tiene como razón primordial, mostrar que La Vega es acreedora a que en ella y en el recinto de esta alta casa de estudios que es la UNPHU, se presente este libro, a sabiendas de que existe aquí el ambiente propicio para su valoración y acogida.
Teniendo en cuenta todo lo previamente expresado, abrí los escenarios de mi imaginación, levanté el telón de mis fantasías y osadamente, presencié la puesta en escena de las seis obras, las disfruté y he aquí mis atrevidas presentaciones