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La Coctelera

EL SOLITARIO DE LA VEGA REAL

POR UNA SOCIEDAD MEJOR DE PAZ, ARMONIA, AMOR Y COMPRENCION

2 Mayo 2010

Un artículo de Juan Bosch en el día de las madres

 

Un artículo de Juan Bosch en el día de las  madres

 

Por Juan Bosch

Este artículo del profesor Bosch que reprodujo la Revista  ¡AHORA! En su edición No. 498. 28 de mayo del 1973, Pág. 2 al 4. Fue publicado hace ya una década con el titulo ´´ La madre en el Drama Histórico de la Isla´´. Al momento que fue escrito parecía que los sufrimientos de la madre dominicana habían encontrado un  dique esperanzador. ¡Cuanta equivocación!

De ahí que este  se un documento que conserva toda su vigencia, toda su vitalidad y belleza

Y que merezca volverse a publicar  y volverse a leer.

 

Hoy es Día de las Madres. Lo celebramos el último domingo de mayo y deberíamos hacerlo el primer día de la primavera, cuando la tierra entra en una nueva etapa de fecundidad; cuando el mundo en  que vivimos da de sus entrañas todas las fuerzas ocultas que Dios ha puesto en él para que pueda  ofrecer al hombre los mejores frutos, las flores más bellas, las mieles más ricas y los cantos más armoniosos de las aves.

 

En la religión católica de nuestro pueblo, la madre es María, la virgen de los siete dolores. Y está bien que sea  así porque salvo el momento en que ve nacer el hijo y oye el primer  grito, cuando la alegría de haber traído al mundo un a nueva vida la embarga como  una copa de licor divino, la madre siempre sufre;  sufre el dolor físico del alumbramiento y sufre  todo la vida el, dolor del miedo a que su hijo se enferme o no sea un hombre  bueno que ella espera o no resulte tan  inteligente como desearía y sufre cada hora  la anticipación de la muerte de su criatura.

 

Con los siete puñales del dolor clavados en su corazón, la madre de Jesús es el símbolo de la madre cristiana, y es por tanto el símbolo de la madre dominicana.

 

¿Quién ha sufrido más que esta madre dominicana? sufrió cuando era india y llegaron los conquistadores españoles y echaron perros  bravos al monte para cazar al hijo  indio,  y cuando tuvo hijo español y lo vio partir a la guerra para salvar al país de  los piratas; sufrió cuando ya  no era ni india ni española, sino mestiza y con la llegada de los esclavos, a quines los amos arreaban a latigazos, comprobó que había razas sometidas y la suya era una  de ellas; y sufrió cuando era madre esclava y veía nacer al hijo condenado a la esclavitud, o cuando fue negra libre y  tuvo  hijo del español y supo que ese hijo no seria bien querido porque nunca sería de la raza  pura de su padre.

 

La madre dominicana sufrió cuando los bucaneros se metieron tierra adentro disparando  sus arcabuces y tomando presos a los pobladores; sufrió cuando el rey de España ordenó que se  dejaran despobladas las ciudades del Oeste y del Norte  y ella tuvo que  hacer a pie, junto al hijo, los largos caminos hacia la capital; sufrió cuando  sus hijos tuvieron  que  ir a la guerra para reconquistar la Tortuga y para echar a los franceses hacia el mar y sufrió mucho más cuando llegaron los días de las guerras sociales en Haití y cuando los haitianos entraron en la parte española y  pasaron a  cuchillo  poblaciones enteras en Santiago, en Moca, en Cotui y en la  rutas Sur.

 

Cuando los hombres combatían en Palo Hincado, cuando el hambre mataba a los sitiados de la Capital, cuando se luchaba, en fin, para  volver  hacer española la colonia que había caído en poder de Francia, fue ella, la madre dominicana, la que vio a los hijos partir hacia  las batallas y enflaquecer hasta la muerte en la ciudad sitiada.

 

Para hacer la patria, entre 1844 y 1845, ¿quién  dio hijos si no ella? ¿Quién quedaba con el corazón atribulado cuando  los hombres iban a combatir a Azua o Santiago? ¿De dónde habían salido los que cayeron  en Las Carreras y en Beller si no era del vientre de la madre dominicana ¿ Y por  dónde rodaban a chorros las lagrimas cuando al poblados lejano, al campo perdido, llegaba la noticia de la muerte de un combatiente, si no era  por  las mejillas  secas de la madre?

 

La madre dominicana llevó sobre su alma el peso de la guerra cuando los españoles volvieron  al país traídos por Santana y el pueblo se sublevó en Capotillo y comenzó aquella lucha sangrienta contra los que habían sido portadores de la civilización cristiana para sembrarla en  nuestro suelo y en  esa nueva ocasión eran ocupantes extranjeros de una República            que  a lo largo de  once años  había  luchado en los valles y las lomas de la frontera y en las aguas del mar para que sus hijos fueran dueños de su patria.

 

Mientras los hombres se mataban en Guanuma, en Puerto Plata, en el Canal de Paya, en los arenales de la  Línea Noroeste, la madre dominicana esperaba en el bohío o en la casa de yaguas del pueblo que  el que le llegara la  noticia de que el  hijo  había caído en la batalla

 

Madre adolorida como la nuestra, ninguna; madre con el corazón  deshecho por la angustia como la de nuestro pueblo, ninguna.

Pues llego  la hora en que la bandera española se fue alejando mar afuera, pero los dominicanos, para defender su República, siguieron matándose entre sí; y se mataban un día y otro, un mes y otro, un año y otro, hasta que el brazo fuerte  de Ulises Heureaux impuso la paz: sólo que la paz fue obra de crimen y con el crimen llego el miedo a sentarse en el lumbral de todos las puertas y entonces la madre sufrió de miedo  y en cada pisada que sonaba en la noche creía ver llegar a los  que iban en busca  del hijo `para fusilarlo en el cruce  de  dos caminos o para cencerrearlo por vida en una cárcel pestilente o para llevarlo a la fuerza a servir en los cuarteles

 

Madre dominicana, árbol del sufrimiento, ¿quién iba a decirte que el cadáver  del tirano, caído a tiros en Moca, iban a salir los infiernos de la guerras civil? Pero salieron, y  durante diecisiete años  de espanto viste  a tu hijo irse a los combates y miles de veces no lo viste volver y nunca supiste en qué perdido matorral quedó su cuerpo  con una vena rota por donde la sangre que tú le diste había salido a chorros llevándose la vida que tú creaste para que fuera útil y hermosa

 

Madre adolorida, esta República descansa en la base misma de tu corazón; está nutrida por tu dolor, por el dolor que padeciste cuando  la Infantería de Marina Norteamericana  se adueño de esta tierra y se llevo a tu hijo a empujones para que no protestara por el atropello que le habían hecho a la patria

Está nutrida por el dolor de  siglos, sobre el cual apenas es una  luz lejana el recuerdo de algunos  días de paz perdidos entre los muchos días  de padecimientos

 

Tras unos días de paz, cuando la bandera de la cruz hubo flotado en los cielos donde flotó la de las barras  y las estrellas, cayó sobre ti el espanto;  cayó como una  ave de piedra en cuyos ojos fulguraba el crimen; cayó y se posó sobre la República y la cubrió de la costa a la montaña, del mar al río, de la arena al árbol, de la calle al nido.

 

 ¿De donde vino Rafael Leonidas Trujillo, llama oscura, fuego ardiente y sin luz, señor de la maldad? ¿Porqué asesinó a tu hijo en los bosques, por qué lo torturó en la Cuarenta, por qué hecho sus despojos al mar, por qué lo lanzó al  exilio?¿Cómo se explica madre dominicana, que tu alma pudiera resistir tanto tormento y no estallara? ¿Quién podrá decirnos por qué no se secó tu vientre; debido a qué milagro seguiste dando hijos  para que la tiranía los triturara?

 

Hoy recuerdas con horror los días en que a las hora de la comida tu hijo tardaba y a ti se  te encogía el alma pensando si no había caído en manos de los esbirros; las tardes en que  rondaban por  tu casa caras desconocidas y esa noche el hijo  que  había salido  a pasear con  los amigos no volvía a la hora  acostumbrada y tú no podía  dormir loca  de sufrimiento y temblaba a cada  ruido esperando la peor de las noticias

 

Madre dominicana, ¿cómo pudiste resistir treinta  y dos años de crimen? Treinta y dos es demasiado tiempo para sufrirlos con una  lanza clavada en el corazón. En esos treinta y dos años, todos los días fueron de sangre y todos las noches fueron de pavor;  y tú pudiste padecerlos es  porque la resistencia de tu alma es infinita

 

Ciertos pueblos antiguos construían sus viviendas sobre el cadáver de un niño. Los cimientos de la patria dominicana están hechos sobre el dolor de la madre. No  han sido los  que caído en los combates ni los torturados en las prisiones ni los fusilados en la noche ni los echados al exilio lo que más han  sufrido; ha sido ella, las madre,  la que  siempre espera porque siempre ama, la  que tiene en el pecho una  fuente inagotable de ternura y a la vez una llaga de miedo que jamás se cierra

 

En este Día de las Madres debemos consagrar una hora a ella; a la madre de todos, a la que cada día pasa por nuestro lado sin que sepamos su nombre; a la que ya murió y a la que aún vive. No pensemos sólo en la nuestra, en la que nos llevó en su entraña y nos  cobijó con su amor.

Esa es siempre la más bella aunque sus rasgos sean toscos; la más joven aunque tenga ochenta años y peine canas; la más saludable aunque esté en lecho enferma: la más alegre aunque el sufrimiento la haya deformado; la  siempre viva aunque haya muerto

 

Pero la otra, la de  todos, la madre del sufrimiento dominicano, la madre que dio hijos  para que hicieran patria y lo dio para la guerras civiles los dio para restaurar la República y los dio de nuevo para  que los caudillos los enviaran a la muerte; la madre dominicana que parió víctimas para la tiranía. Ésa es la raíz misma de este pueblo, la fuente de su vida y tal vez la única razón de su existencia

Sea para ella nuestra veneración.

 

Pero nuestra preocupación debe ser para  la madre pobre; la que en los ranchos de las ciudades y en los bohíos de los campos, a la luz de la jumiadora o de la lámpara, ha  estado junto al catre o junto a la barbacoa del hijo enfermo, vigilándolo con ojos endurecidos por  el trasnoche y rogando  a Dios de las alturas, con  palabras  atravesadas por el dolos, la salvación  del enfermito

 

Nuestros pensamientos son hoy, Día  de las Madres, para ésa que se levantó atormentada, buscando con ojos sin sentidos en los rincones de la vivienda algo con que hacer comida para sus hijos. Los  hijos del hambre que ella  trajo al mundo con tanto amor como la señora encopetada, pero desdichadamente sin la comodidad de la señora encopetada

 

Madre dominicana pobre, fuente del sufrimiento, flor de lágrimas: tus hijos duermen sin sábanas, tus hijos se levantan desnudos y pasaran el día desnudos o vestidos de harapos; tal vez tus hijos no comerán el  día de las Madres. Pero ten la seguridad  de que miles  y miles de dominicanos eran  y luchan para que en esta tierra que  te debe  tanto amanezca un día la justicia sentada en la  loma más alta y  en el bohío más humilde, con las dos manos llenas del pan  que  te has ganado con tu dolor en todos los años  de nuestra historia.

Que  el Señor te desdiga en este  día, madre dominicana

 

Recopilada por

Ubaldo Solís Ureña

Para VEGANISIMO y DESDELAVEGARD

La Vega.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mi nombre es Ubaldo Solís Ureña, periodista, resido en la ciudad de La Vega, República Dominicana, me desempeño en las relaciones públicas del ayuntamieinto de este municipio, soy dirigente en mi ciudad del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), encargaado de comunicacion de la Red Municipal Comunitaria, y del Control Ciudadanos de la Justicia Vegana ( COCIJUVE)

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