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La Coctelera

EL SOLITARIO DE LA VEGA REAL

POR UNA SOCIEDAD MEJOR DE PAZ, ARMONIA, AMOR Y COMPRENCION

5 Febrero 2010

OFRENDA

 

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Articulo escrito por Lorenzo Despradel (Muley), con motivo a la muerte del Generalísimo Máximo Gómez, el domingo 17 de junio de 1906, en la Habana Cuba, y publicado en la obra "Perfiles Dominicanos de Máximo Gómez, de Emilio Rodríguez Demorizi, editora Montalvo, Ciudad Trujillo, 1954, Págs. 313 al 329

El Comandante Lorenzo Despradel, (Muley)

La figura del insigne guerrero dominicano no ha necesitado que el hábito piadoso de la muerte le insufle esa vida de prestigio póstumo que han menester los que se van de este mundo sin haber realizado obras grandes, buena y útiles.

El pedestal de la gloria esta en la obra que realizó, y fue grande desde el momento en que desenvainó su espada gloriosa y puso todas sus energías de su alma y su brazo para realizarla, haciendo de apuntar con proezas la estrella de su genio en el ciclo siempre sereno de la historia

 

La muerte lo sorprendió aureolado por la fama, y no pudo agregar ni un ápice a la importantilidad de su nombre que había alcanzado las gigantes proporciones de la epopeya, hospedándose en la gloria como un viejo compañero de lo más insignes libertadores de pueblos y de hombres-

 

Ya había asistido a su propia apoteosis y todo un pueblo lo había aclamado llamándole Libertador, dictado que solamente alcanzan los que se entregan por la vida con la antorcha de la justicia en una mano y la espada del derecho en la otra, para afianzar la felicidad de los pueblos y la honra y decoro de los hombres

 

El, que había vivido en los campos de batalla en consorcio intimo con la naturaleza; Que había resistido la rueda de los elementos de la guerra con la serenidad estoica de un soldado de la vieja esparta, tuvo la dicha de ver su obra realizada y al esperar la muerte bajo la sombra piadosa del hogar, cobijado por la bandera que su espada victoriosa llenó de gloria inmarcesible en los campos de la Revolución.

 

Ese hombre providencial, que le toco en suerte romper el último eslabón de la cadena que unía a España con estas tierras del Nuevo Mundo,. Estaba dotado por la naturaleza de todos aquellos atributos inherentes a los grandes y a los inmortales. Alma acelerada y fuerte en donde las emociones se condensan al influjo de la voluntad, percepción clara y profunda de las cosas de la vida, a las que aplicada el más estricto espíritu de justicia, y por sobre todo una fe inquebrantable, granítica, que no lograban abatir los más grandes desastres, era n virtudes preclaras que lo acercaban al temerario ayax y al virtuoso Arístides, haciendo lo invencible en la guerra e incorruptible en la paz

 

Su vida esta llena de accidentes adversos, y no parece sino que el destino le preparó teatro de azares para que su alma se caldeara al calor de ese fuego misterioso de que la fe se alimenta y que ilumina la senda de los predestinados. En donde no estaba la generosidad, no había victoria para él; en donde perecían los ideales, dejaba de existir la finalidad lógica de la existencia, porque ese grande hombre no se explicaba la vida sino para la obra del bien y del amor encontrando ruin y pequeño todo sentimiento de egoísmo,

 

Odiaba lo vulgar, y su imaginación, como un águila de alas prepotentes volaba de cumbre en cumbre, bañándose en luz vivificante y generosa del sol de la justicia. Se crecía en la adversidad y como impulsado por las energías de su alma y la acometividad de su brazo, que siempre estuvo en alto impetuoso y temible señalando el camino de la victoria

 

En el convivían sentimientos que parecían antitéticos, pero que se armonizaban maravillosamente, dándole forma a su carácter, que fue el elemento más acentuado de su personalidad. Cuando rugía de rabia como cuando apostrofado, o reía o lloraba, su corazón vertía de su ternura y lo más exquisitos dones del espíritu

 

Era águila y paloma, brisa sutil y huracán desencadenado, conviviendo en esa acentuada dualidad el más complejo y cabal equilibrio psíquico, y el más perfecto y armónico concierto de pasiones y de sentimientos, terrible en la guerrea emuló al profeta Elías y tuvo arengas entre zarzas encendidas bajo la majestad terrible de un cielo cárdeno y sobre la tierra que crepitaba al galope marcial de los corceles

 

 

Austero, grave, inflexible, infundía respeto tocado por un punto de admiración avasalladora que hacia vagar la mente enardecida por los viejos campos de la Iliadas, esonación de una epopeya ultraterrena. Idealista por temperamento, ponía siempre sobre un punto de religiosidad las cosas del espíritu, y le dedicaba toda su preferencia a esas abstracciones morales sobre las cuales se han edificado sistemas filosóficos de altísimos alcances

 

 

Su mente viajaba de continuo por los dilatados espacios del ensueño, y nadie más que él supo vivir aquí en la tierra desdeñada lo terrenal, como el instante de su liberación eterna. El áspid envenenado de la vanidad no lo hirió nunca; y la gran altura a que lo encumbraron sus merecimientos y la admiración popular no fueron óbice a que torciera el rumbo de su camino siguiendo con la frente levantada en viaje glorioso hacia los grandes ideales

 

Emuló a los más grandes patricios de la humanidad en el solemne propósito de no ser nada, cuando pudo serlo todo; motivo por el cual los laureles de sus frente reverdecían a cada amanecer sin que su lozanía fuera amenguada por ninguna ráfaga de ambición ni de codicia

 

Si tuviéramos, que equipararlo a una montaña, habría que decir que él fue grande como el himalaya, cuya cima se pierde entre las nubes y sobre la cual no vuelan sino águilas altivas y brillan las estrellas en la idealidad de un cielo siempre azul.

 

Quines tuvieron la gloria de verlo en los campos de la Revolución jamás podrían olvidad su aspecto arrogante de Moisés, guando a todo un pueblo en éxodo sublime desde las negruras fatídicas de la tiranía, hasta las excelsas claridades de la libertad y el derecho. La guerra fue un Sinaí glorioso, y desde ella le mostraba a los buenos de la tierra de promisión, esfumada entre valores de lágrimas y duelos, encharcada en la sangre de sus propios hijos

 

En ese tránsito glorioso de las tinieblas a la luz, su corcel de guerra brillaba como blanca estrella, y en pos de él se iba un pueblo ávido de justicia y ansioso de decoro. A su alrededor bramaba la tormenta y los héroes caían como grandes árboles, a los golpes fatales del destino. Caía Marti, en Dos Ríos; caían Borrero, José Maceo, Ángel Guerra, Serafín Sánchez, Crombet, Zayas Y falanges enteras desaparecieron

 

En Punta Brava la tragedia levantada su teatro y se llevaba envueltos en sus negro manto al Aquiles de la Revolución y al hijo amado, en tanto que el héroe invicto, el gran Máximo Gómez permanecía erguido como un roble centenario resistiendo el embate huracanado de los escuadrones enemigos que se arrastraban como visiones apocalípticas por las montañas y por las llanuras, intentando apagar el fuego en que se consumía la Isla entera de uno a otro confín

 

Como la estatua de Memnón, tenía para cada amanecer un canto de esperanza, y en su corazón la Fe preludiana dulce coros que no pudieron acallar jamás ni los desastres, ni la inquina mal disimuladas de los malvados y de los envidiosos.

 

No tuvo como Bolívar, para moverse vasto escenario formado por elevadas cordilleras, llanuras interminables, ríos caudalosos y un continente, en fin, que le permitiera como a éste esfumarse indefinido para reponer las fuerzas de su ejército cansado , y volver luego a la lucha con nuevos bríos y con elementos nuevos, envuelto en la fulgurancia esplendida de la victoria.

 

No tuvo, como Washington, un ejército disciplinado y abastecido de cuanto era necesario para concebir y desarrollar planes en una amplia base de operaciones defendida por poderosa artillería, escuadrones formidables y numerosa infantería. Las condiciones topográficas de esta isla (Cuba) lo obligaban un día y otro a permanecer frente al ejército enemigo- abrumador en número- que lo perseguía con tenacidad inaudita, sin que el viejo guerrero pudiera procurarle a su pequeño ejército otro descanso que el pelear incesante bajo la inclemencia de las estaciones, desnudo, famélico y alentado únicamente por la fe en el triunfo de la causa que defendían

 

Sin el goce supremo de esa esperanza tan virilmente sustentada, la campaña cubana hubiera sido para el Ejército Liberador una eterna " Noche Triste", más cruel que aquella de duración fugaz que hizo fungir el entrecejo al héroe de Ayacucho, y que aminoró por un movimiento el entusiasmo de los vencedores de Las Queseras y de Pichincha.

 

Sobre aquellos campos devastados por el incendio y aniquilados por el furor implacable de la guerrea cerní ase siempre pavoroso y temible el fantasma de la muerte, cuyo beso frío era el único galardón que se le ofrecía a los que abnegadamente luchaban por la Independencia de esta tierra heroica, que vio desaparecer como en una hirviente vorágine uno tras otro en holocausto interminable, a los mejores de sus hijos

 

Máximo Gómez erguido y prepotente en la cumbre de su prestigio, era el más insinuante propagador de la gloriosa religión del martirio, por lo que bien pudiera decirse que su vida entera fue una ofrenda ante los altares del bien y del amor. Poseía este hombre extraordinario una fisonomía atrayente en el trato cordial y afectuoso de la amistad, ágil, nervioso, conserva aún en el ocaso de su vida la expresión de una juventud inmarcesible y su corazón se conservó siempre fresco y lozano como una rosa gallarda humedecida por el roció del entusiasmo.

 

Los años pasaban por el como la corriente de cristalino arroyo por sobre los prados, reverdeciéndolos y llevándolos de flores, sin que su frente se abatiera bajo el peso de las desilusiones que ellos traen consigo. Sus últimos días fueron serenos, plácidos y su hogar no se vio jamás ensombrecido por quejas amargas ni reproches estériles que no devenían con su carácter, en donde se reflejaba el optimismo iluminando todas las etapas de su vida. Creía en la Fe de los hombres en la Justicia de los pueblos en el destino de las naciones; por lo que su alma fue siempre campo abonado en donde germinaban ideales y los más generosos propósitos.

 

Amaba y admiraba a todo los héroes de la humanidad, y ponía la virtud de ellos por sobre las proezas que realizaban si estas no iban enderezadas a un fin noble y levantado. Sencillo y modesto, jamás permitió que en sus oídos zumbaran las lisonjas, ni se dejó adormecer por el canto de sirena de la adulación

Su tienda de campaña tuvo, durante el periodo de la guerra, la majestad augusta de un templo, y desde ella salían en fulguraciones casi divinas, la pragmáticas severas que dieron forma y espíritu a la revolución; y en su entorno vagaba la dulce paz de un patriarcado bíblico encarnado en ese hombre providencial cuyo don de oblicuidad le permitía ser Briareo de cien brazos y Argos de múltiples retinas para defender, vigilar la obra de le había sido encomendada

 

Amo a la revolución con todo la fuerza de sus espíritu y no permitió jamás que sobre ella cayera la más ligera sombra de duda en sus procedimientos, que él ajustó a los más altos principios de equidad y de justicia, castigando con mano severa a los que mancillaban su decoro, hiriendo el de la revolución que era la suprema encarnación de la patria en rebeldía.

 

Su mano vigorosa de héroe incomparable levantó así el lábaro sagrado, y tuvo energías bastantes para que siempre estuviera en alto como un símbolo glorioso plantado sobre los campos libres de la desolada Cuba. Y sin embargo, su alma pura no se contagio con el estrago bélico, y erigió a la diosa Astrea un trono como a divinidad tutelar para que dirigiera los destinos de la Patria naciente.

 

La revolución fue huracán desencadenado, una tormenta furiosa que se cernió por sobre el extenso territorio de la Isla hermosa; pero el orden y respeto imperaron siempre en ella, y no hubo en su largo curso ni un acto reprochable que pudiera avergonzar a los que tomaron participación en esa epopeya grandiosa y admirable. Esa fue su más vehemente y su empeño más decidido porque él, al igual que el Mártir de Dos Ríos"

 

Quería que " El árbol de la Libertad creciese sano desde la raíz para asegurarle una lozanía perdurable y gloriosa a fin de que bajo su sombra pudieran reposar lo que anhelaban sentirse hombres viviendo vida libre.

 

Su arribo a estas playas en los comienzo de la guerra del año de 1895, trae a la memoria las heroicas aventuras de los poemas gálicos inmortalizado en los versos de Ossian. El héroe llega en la hora suprema a reafirmar su prestigio conquistando en la década sangrienta y la espada de las Guásima y de Palo Seco brilla herida por los fulgores de la nueva aurora que se inicia con resplandores augurarte

La tierra cubana se estremece al sentir la planta del guerrero invicto y de todos los pechos surge una hosanna que llena de pavor a los sicarios de la tiranía, que presiente el horror de las futuras derrotas. Llega el héroe en la hora magna de las reivindicaciones, y un rugido sordo y profundo como un trueno se escucha en toda la extensión de la isla esclava. Los viejos adalides lo rodean y comienza la lucha con la evocación de las pasadas proezas, poblándose la manigua de combatientes que surgen como salobras fantásticas de lo más ignorados rincones de los bosques y del seno de las ciudades envenenadas por el hábito de la tiranía

 

Llega el héroe y jura bajo el dosel de las palmas susurrantes, que cuba será en sus montañas, libres en sus llanuras, libres en sus ríos, y libre en sus ciudades. Y las sombras amontonadas durante cuatro largas centurias al conjuro de ese sagrado juramento se arremolinan en el cárdeno cielo de las reivindicaciones y como nubes preñadas de tormentas llevan los estragos y la desolación a la vieja metrópoli, que purga en un instante de dura realidad, la eternidad de sus yerros incontables.

 

En ese momento supremo estaba erguido el espíritu de América libre y Hatuey, Guatemox, Guarocuya, Bolívar, Duarte, Agramante y la pléyade interminable de los libertadores levantaron la cabeza del lecho de la inmortalidad en que reposan para contemplar el último cuadro de su apoteosis gloriosa, preparado por el viejo adalid que había sobrevivido dominando el estruendo fragoso de las batallas

 

Cuando los años hayan pasado y la filosofía de la historia haga alto un momento y se detenga a estudiar los caracteres íntimos de las campañas libradas por este guerrero ilustres se convendrá en que su cerebro exaltado por el "quid divinum", de que hablan los antiguos, lo empujaba a proezas grandiosas, haciéndolo escalar la cumbre diamantina desde la cual los genios presiden los destinos de la humanidad.

 

Cuba levanta la vista y lo contempla sobre esa cumbre de pie como un coloso,. Vigilando la obra de su amor y vierte lagrimas acerbas, lagrimas amargas de infinito duelo, clamando, en vano, por escuchar un solo acento de aquella voz que tuvo virilidad bastante para revivir la excelsitud

 

La Habana, domingo 17 de junio de 1906

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Mi nombre es Ubaldo Solís Ureña, periodista, resido en la ciudad de La Vega, República Dominicana, me desempeño en las relaciones públicas del ayuntamieinto de este municipio, soy dirigente en mi ciudad del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), encargaado de comunicacion de la Red Municipal Comunitaria, y del Control Ciudadanos de la Justicia Vegana ( COCIJUVE)

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