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La Coctelera

EL SOLITARIO DE LA VEGA REAL

POR UNA SOCIEDAD MEJOR DE PAZ, ARMONIA, AMOR Y COMPRENCION

20 Julio 2009

Expedición de Colón al interior de la Isla.

 

Expedición de Colón al interior de la Isla.

Prisión del Cacique Caonabo.

Batalla del Santo Cerro.

Fuente: Historia Dominicana, por J. Marino Inchaustegui. Tomo I, Impresora Dominicana, 1955

En enero de 1494, Cristóbal Colón, desde la Isabela despachó dos expediciones al interior de la Isla, para tomar informaciones sobre  lo que había  tierra a dentro. Una  al mando de Ginés Gorvalan, esta  con  rumbo al este, y la otra, bajo el comando de Alonso de Ojeda, fue al sur.  Los cuales al retornar a la Isabela, con  muy buenas noticias y Ojeda, mostro el  oro que  había recogido en  las comarcas que recorrió.

Cegado por la  fiebre del amarillo metal y la ambición desmedida por  hacer fortuna, como es natural  que suceda en todas las mentes de los aventureros y  los conquistadores. Éste partió encabezando  una  enorme expedición  tierra adentro siguiendo la ruta que marcara Ojeda,  con un contingente de unos 400 hombres bien equipados  y armados  con caballería, de la Isabela el  miércoles  12 de marzo de 1494, al son de  tambores,  banderas y atabales.

Ordenando abril un camino a través de una garganta entre montañas. A éste camino le llamo el  " Paso de los Hidalgos", en honor a los españoles que con  su  personal esfuerzo abrieron éste que fue el primer  camino construido por los blanco en el Nuevo Mundo, y penetró en el valle que  bautizo " La Vega Real",  cuya belleza asombró a todos  e hizo  exclamar el conquistador " Es lo más bello que ojos  humanos hayan visto"

Fundación  del  fuerte  de Santo Tomás,  la conquista del interior de la Isla, la inicia  con   la construcción de este fuerte, a la orilla del Río Jánico, y puso  al mando a Mosén Pedro Margarit.

La Captura del Cacique Caonabo

Poca antes del 24 de febrero de 1495, , Colón despachó a Ojeda para  que con nueve hombres de escolta fuera a la Maguana,  a invitar al cacique Caonabo a  que viniera  a verle  a La Isabela, para tratar de concertar la paz entre los indios y los  españoles y, se presentaba  oportunidad  propicia  realizar  su captura.

Unos  diez meses antes Colón  había dado instrucciones  al aragonés Mosén Margarit,  para que entregara a Ojeda el mando de la fortaleza Santo Tomás y fuera a recorrer las provincias españolas  mostrando las tropas a los indios para darle a conocer su poderío y le  instruyó detalladamente, para que con nueve o diez hombres de escolta,  encabezados  por un tal Contreras, quienes habían adelantarse a establecer relaciones amistosas con los aborígenes, visitara a Caonabo, llevándole algunos  regalos e invitándole  para venir  a verle La Isabela.

De acuerdo  con los documentos y escritos  de esos tiempos los sucesos se desarrollaron en orden cronológico siguiente: el 9 de abril de 1494 Colón dio a Margarit las instrucciones para la captura de Caonabo; el 24 del mismo  mes zarpó en el viaje de exploración a Juana (Cuba), retornando el 29 de septiembre de ese mismo año, cinco meses y cinco días después de su salida ( en cuyo lapso se rebelaron Mar Margarit y Buil y se fueron a España), luego estuvo  enfermo unos  cincos meses en la Isabela, hasta los fines  de enero de 1495,   cuando Ojeda ejecutó el plan, del cual se había encargado Margarit, más de 10 meses antes, pero sin resultado.

Ojeda  fue recibido por el cacique, quien estaba maravillado con las noticias que los indios le habían transmitido sobre "la campana que habla" (esto no era más que "cuando los españoles acudían  a la Iglesia tañía (tocaba)  la  campana  en La Isabela,  los indios decían que el tañido ( repique)  del broce era " el habla" de la campana pues los cristianos entendían  que era una llamada para asistir  a los servicios religiosos" que  los españoles tenían  en La Isabela.

Frente  al cacique, Ojeda se arrodilló y le  besé la mano en señal de respeto e hizo que sus compañeros realizaran ceremonia semejante. Entonces transmitió el mensaje de Colón. Al oír Caonabo la invitación para ir  a visitar al Conquistador, en tono majestuoso dijo; "Venga él  acá y tráigame la campana o turey, que yo no tengo de ir allá".

De acuerdo con el desarrollo natural del plan, fracasada la invitación para el viaje a la Isabela, Ojeda por señas y con algunas palabras que él hablara en la lengua indígena, expresó que traía para el cacique "turey de Vizcaya" que en el lenguaje  de esos días, mezcla de palabras nativas  y españolas, quería decir  "joya  venida del cielo y traída de Vizcaya, España,"´ pues los aborígenes  llamaban "turey" al cielo y a los artículos brillantes como cosas o prendas de latón, joyas, y le mostró unos grillos y unas esposas muy finas y delgadas, relucientes, expresándole que  eran un regalo para él, enviado  por  Colón y que los Reyes de Castilla, sus señores, también le ostentaban similares, como joyas de adorno, en sus bailes ( areitos, como decían  los indios), pero le  sugirió que  para recibir el rico presente debía primero  lavarse y bañarse

El cacique,  con algunos de sus criados y de su gente, fue al río cercano distante una media milla de  su caserío, que  Las Casas llamaba Yaqui  y que Colón había bautizado Río del Oro, (el Yaqué del Norte). También le acompañaban Ojeda y sus hombres. Al terminar el baño Ojeda hizo retirar un poco a los indios, pues  dijo   que Caonabo entraría a su pueblo como caballero, es decir, jinete, adornado con sus joyas, como lo vacían  los Reyes de Castilla.

Entonces montó a su caballo e hizo poner al cacique en las ancas del mismo animal y  luego le pusieron los grillos y las esposas. Ojeda hizo que su  corcel diera dos o tres vueltas,  mientras   los indios se mantenían alejados pues temían a los caballos , habiendo creído  hasta hacia  poco que el bruto y el jinete eran  una sola  criatura fantástica, y  luego todos los españoles se fueron alejando,  como para volver al pueblo, pero tomaron el camino de la Isabela

Ya perdidos de vista de los aborígenes, los españoles amenazaron  a Caonabo con sus espadas, como  para matarle mientras otros lo ataban a Ojeda con cuerdas que para   tal fin habían traído. Y  seguido se lanzaron en veloz carrera, salvando montañas, ríos, serranías, y valles, sin  detenerse a comer, venciendo todos los obstáculos que les oponía la tierra virgen,  no descansando hasta llegar a la Isabela, donde el cacique  fue mantenido en prisión en la casa del Almirante, cargados de  hierros y cadenas

Esta descripción de la captura  de Caonabo por Ojeda, el plan del Almirante con Mosén  Pedro Margatit y Contreras, posteriormente ejecutado por Ojeda, están  de acuerdo en lo esencial con la descripción que de estos sucesos hace   el padre Las Casas, quien afirma que así se  contaban en La Españolas en la época de su llegada, en el 1502,  "seis o siete años  después  de esto acaecido"

Hay historiadores como Oviedo  que sostienen  que Caonabo fue apresado por  el adelantado Bartolomé Colón;  otros, como Antonio del Monte y Tejada y José Gabriel García, que Caonabo fue apresado después de la batalla de La Vega Real;  Fernando Colón  asevera que fue apresado en la misma batalla, con sus hijos y mujeres, opinión que sólo ha sido repetida después de Javier Angulo Guridi, por que  está refutada in  extenso por la descripción que hizo Las Casas.  Pedro Mártir de  Anglería, dice que el cacique acepto la invitación del Almirante y  emprendió el viaje a la Isabela al frente  de numerosa gente suya, con el plan de matar  a Ojeda y sus nueves hombres, pero Ojeda lo apresó antes    

Batalla de La Vega Real, erróneamente llamada  del Santo Cerro

Los aborígenes, deseosos de libertar a Caonabo e instigados por  los tres o cuatro  hermanos  del cacique, se reunieron en número de hasta unos 100,000 mil ( según Las Casas) y marcharon sobre La Isabela con actitud  hostil,  bajo el  mando del cacique Maniocaotex, quien era un subalterno de Guarionex.

El Almirante decidió salir seguido a combatirlo y aún cuando había muchos enfermos, inútiles para la lucha, partió de La Isabela el 24 de marzo de 1495,  al frente de 200 hombres y 20 jinetes, acompañado  del aliado cacique Guacanagarí y su gente, dirigióse al Valle de La Vega Real. Dos  días después se produjo el choque bélico, probablemente en  la llanura de Esperanza, en territorio del cacique Guarionex.

En nuestra  historia abundan confusiones en relación con esta batalla, principalmente a causa de que el historiador Antonio Del monte y Tejada, dice que los  españoles se afianzaron para atacar a los indios en el Santo Cerro, en la cercanías de la ciudad de La Concepción de La Vega y que se sirvieron de esta eminencia `para diezmar a los indios, quienes trataron inútilmente de destruir la cruz plantada allí por Colón, y en cuyos brazos apareció milagrosamente la visión  de Nuestra Señora de la Mercedes. Lo cual dio ánimo a los  españoles para vencer a los aborígenes

Geográficamente es imposible que tal cosa sucediera así, pues Las Casas, dice   que el encuentro  ocurrió a dos jornadas de la Isabela. Luego el Almirante y sus  hombres, quienes sólo recorrían  5 leguas por día, sólo estaban a 10 leguas de la Isabela, es decir que se produjo en la cuenca del Río Yaqué, en la banda occidental del valle, mientras  que el Santo Cerro, esta en la del Rio Camú- Yuna, en la banda oriental del valle. La interrogante es ¿Podría  recorrerse esa distancia a pié  en dos días, por malos caminos y en territorio hostil, propicio para embocada

Colón dividió su fuerza en dos, un ala al mando del Adelantado Bartolomé Colón y otras a sus  órdenes. Los españoles se  apalancaron  en dos cerros y atacaron a los indios por dos flancos, la infantería de ballestas, arcabuces y espadas y el auxilio de 20 perros de presa mientras   los  jinetes usaban lanzas

En esta acción, conocida como la batalla de La Vega Real,  se produjo tan gran cantidad de  muerto por parte de los indios, que ella inicia y decide a favor de los españoles la  conquista militar  del Cibao. Esclavizándose, además, grandes  cantidades de aborígenes, apresados, algunos de ellos fueron enviado  como esclavos a España en  cuatro navíos al mando de Antonio de Torres.

En cuanto a la cruz del Santo Cerro,  lo único que se conoce de  fehaciente es lo que dice Las Casas refiriéndose a la edificación de la fortaleza de La Vega, "junto al pie  del cerro grande, donde se puso  la cruz  que dura hasta hoy; con la cual toda  esta isla tiene n gran veneración" pero no hay pruebas de que sea  de níspero ni existe documento que atestigüen que fue posteriormente trasladada a la catedral de Santo Domingo.

Lo que   es evidente es que la cruz nada tuvo que ver con la  batalla  de La Vega Real, la cual  erradamente se menciona como la batalla del Santo Cerro

Recopilación

Ubaldo Solís

usolis4587@gmail.com

 

                           

 

 

 

 

 

 

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Mi nombre es Ubaldo Solís Ureña, periodista, resido en la ciudad de La Vega, República Dominicana, me desempeño en las relaciones públicas del ayuntamieinto de este municipio, soy dirigente en mi ciudad del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), encargaado de comunicacion de la Red Municipal Comunitaria, y del Control Ciudadanos de la Justicia Vegana ( COCIJUVE)

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